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Anexos de Coeducación |
Existen muchos tipos de violencia, y no podemos olvidar que todas ellas se basan en una relación de dominio, ejercido sobre otra persona a la cual se la considera inferior o, simplemente, no se la considera.
De todas las formas de violencia, la sexista es la que tiene un carácter más estructural. Es la primera relación de poder que aprendemos desde nuestra niñez y que se reproduce en todas las esferas de la vida, la relación jerárquica que se establece entre lo masculino y lo femenino, entre los hombres y las mujeres.
Las formas de expresión de esta relación son múltiples; por ejemplo, las relaciones que se mantienen en la familia, con el padre como “cabeza de familia”, el encargado del mantenimiento económico (considerado lo importante), y la madre la encargada del trabajo en el hogar y del cuidado de la familia, por los que no recibe ningún tipo de reconocimiento social.
La trama de la violencia es muy compleja. Abarca un abanico muy amplio de posibilidades, desde el paternalismo, la humillación, hasta la agresión. Esto no significa que todos los hombres ejerzan la violencia, ni que todas las mujeres la sufran directamente, pero sí que unos y otras participamos en su mantenimiento, desde el momento en que no somos capaces de cuestionar las relaciones de poder que la sostienen.
La violencia sexista, en la mayor parte de los casos, tiene como fin infringir sufrimiento a las mujeres (en su cuerpo, en su identidad, en su persona), por el hecho de ser mujeres.
La violencia sexista responde al patrón de relación de poder y ejercicio de la fuerza. Representa una amenaza para que las mujeres construyan su autonomía.
Uno de los logros de los últimos años ha sido poder denominar a este tipo de violencia, como violencia sexista. Así, ha permitido visibilizar a quienes la ejercen y a quienes la sufren. También se habla de violencia de género. La denominación de violencia doméstica, nombra sólo aquella que se produce en el ámbito privado, lo cual, además de restringir, invisibiliza su carácter social.
Las causas que fundamentan las relaciones de poder son sociales, que están en la base de las relaciones de poder y que, incluso, intentan legitimar el ejercicio de la fuerza contra las mujeres. Estas causas refuerzan el aprendizaje del modelo de relación entre los hombres y las mujeres. Sólo la toma de conciencia y el compromiso social podrán abrir el camino a otras formas de relación entre lo sexos.
Son causas que podemos encontrar en la vida cotidiana: